QUÉ ES CALIDAD

¿Verdad absoluta o criterio de pocos?                                                                                                                      Por Cehache

 

                Es francamente complicado hablar de calidad. Por mucho que algunos intenten vanagloriarse de saber lo que es y estar en calidad de poder juzgarla, valorarla o permitirse la licencia de señalarla como un bien supremo,-particularmente- me resulta tan relativa como individuos quieran hablar de ella.

La calidad es sin duda una de las apuestas del Festival: conseguir que los temas sean ‘buenos’. Pero permitidme que establezca, a priori, una línea divisoria –que creo- todos hacemos. La calidad de una canción –bajo mi punto de vista- se traza en la proporción de todas sus partes: artista/s, canción, voz, y algo que en los últimos años o te hace ganar o te hunde en la tabla: la puesta en escena.

Por tanto, en mi grupo de candidaturas ‘de calidad’ quedan excluídas diversas propuestas desproporcionadas.

–       ‘Party for everybody’ de Buranovskiye Babushki (Rusia 2012)

–       ‘Baila el Chiki Chiki’ de Rodolfo Chikilicuatre (España 2008)

–       ‘Dancing lasha tumbai’ de Verka Seduchka (Ucrania 2007)

Estos tres temas son quizá los más recientes, y que una amplia mayoría metemos en un mismo saco. Muchos no se atreven a decirlo pese a pensarlo, pero son temas que catalogamos directamente como ‘frikis’. Pero antes de continuar, la matización se hace estrictamente necesaria. Lo friki últimamente tiene una connotación totalmente despectiva y corrosiva que crea verdaderas batallas dialécticas. Intentaré apagar el fuego diciendo que de aquí en adelante, cuando veáis escrita la palabra ‘friki’ haré referencia a lo diferente y extravagante, sin ápices despectivos que se precien, algo que creo, todos debiéramos hacer antes de tacharlas.

Y sobre estas tres candidaturas me gustaría hacer una reflexión importante. Cuando hablamos de España y Rodolfo Chikilicuatre a todos se nos hace tarde para empezar a sacar sapos y culebras por nuestra boca: menudo bochorno, ese año me nacionalicé en Kirguizistán, o era el año de Coral. Sin embargo hablamos de Verka y muchos nos podemos reír o decir que fue ‘graciosa’, ‘divertida’ o ‘rompedora’. Si trasladamos estas dos situaciones y Verka nos hubiera representado en 2008 y Rodolfo a Ucrania en 2007, pongo la mano en el fuego, y no noto calor, muchos se reirían con Rodolfo y restauraríamos el Tribunal de la Inquisición para quemar –entre otras herejías- a Verka Seduchka.

En definitiva, son candidaturas desproporcionadas, lo cual he de decir, tampoco es malo. Quién no se ha reído viendo a alguna de estas candidaturas aunque por dentro estuviera pensando: ‘que no gane’, ‘que no nos adelante’. En muchos casos adquieren una popularidad explosiva, que en el caso de Rusia y Ucrania, por razones de índole político-culturales tuvieron un éxito arrollador. Con índole político-culturales hago alusión a que si son estrellas en su zona geo-política, no podemos esperar otra cosa que el apoyo del este, como viene ocurriendo en los últimos años, y aspecto del cual no nos tendríamos por qué escandalizar tanto. Cuando en la historia se fragmentaron diferentes pueblos que instauraron su identidad como cultura, nadie fue a decirle a un ruso que no hiciera lo mismo que un ucraniano o viceversa. Son temas que ya chirrían, con discursos manidos y que me crean cierto sarpullido. Raro sería no ver a Portugal entregando 12 a España, Chipre 12 a Grecia o Ucrania y otros tantos, 12 a Rusia. Por mucha queja que se imponga, la cultura no la marca Eurovisión, la refleja.

Hasta aquí creo haber reflejado mi opinión sobre candidaturas que si bien extravagantes, curiosas, resultan desproporcionadas. Pero, ¿cuáles no lo son? La primera respuesta que se nos viene a la cabeza, es el resto.

Afirmar esta premisa como cierta me parece un error de inconmensurables cantidades. Cuantas canciones habremos visto en el Festival que hayan pasado sin pena ni gloria, que no hayan cuajado y que nos hayan hecho pensar: ‘lo has hecho muy bien hijo/a, pero a tu casa’. Omitiré títulos de canciones en esta ocasión por no herir sensibilidades, ya que a mi juicio, como todos hacemos, nos permitimos la licencia de juzgar el pensamiento ajeno partiendo del nuestro, un error de facto del ser humano.

Si tuviera que hacer un porcentaje sobre temas desproporcionados, ‘descafeinados’ y proporcionados o ‘de calidad’, en los últimos 12 años (hacerlo históricamente sería un despropósito impreciso e inabarcable), lo dejaría en un 15% proporcionado, 65% descafeinado  y 20% desproporcionado. Porcentajes totalmente subjetivos como columna de opinión que vosotros leéis.

La calidad –en la opinión de este servidor- quedaría medida bajo una proporción exacta y desbordante. Pocos temas rescato, pero alguno puedo rebuscar en los últimos años. Creo que me permitiré la licencia en este caso de reservármelos, por no hacer ideología ni apología, ni darle el gusto a ningún/a euroflan de recriminarme que haga más o menos publicidad de los artistas que considero que han marcado y acentuado la calidad en el Festival.

Espero que este escrito no haya levantado ampollas, pero haré alusión a una frase que llevo por bandera, de un productor y publicista cuya maneras pierde en algunos momentos, pero que en tantas ocasiones me ha hecho reflexionar: Risto Mejide. ‘Si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada’. Sólo espero haber dicho no algo, sino mucho. No por molestar, sino por echar sal en la herida y retirar de los debates eurovisivos temas tan rancios y manidos como este.

Cehache se despide.

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