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Continuando hacia la senda del top10, nos encontramos ya en el noveno puesto. Uno de los puestos donde quedan abocados, por lo general, candidaturas que me encantan. Algo sospechoso considerando lo peculiar de una posición que generalmente apura los cartuchos de un éxito que comparado con los grandes, es aún algo discreto. Hoy hablamos de esa posición en la que los países pueden sentirse orgullosos, han logrado entrar en el top aunque sea en la segunda parte de los diez primeros. Y eso en Eurovisión, cada vez está más cotizado.

Esta posición ha sido otorgada en mi top a una canción que me parece, de las mejores composiciones del año. Noruega cuenta con un historial que hace picos: igual se plantan en el top5, que ganan, quedan últimos o no pasan a semifinales. Y todo esto sin faltar a su esencia. Este año tampoco lo hacen y parece que el éxito estará de su parte.

Ya desde que salieran publicadas todas las canciones de un Norsk Melodi Grand Prix que me ha encantado en cuanto a formato (no en cuanto a candidaturas), el “Silent Storm” de Carl Espen despuntaba sobre el resto. Pero más aún destacable era que ya saliera posicionada como primera en las casas de pago antes de que ganara, y antes de que siquiera hubiera pasado el corte de su tercera semifinal.

La canción es una bella e íntima balada que acompañada de pocas cuerdas y un discreto piano que marca los tiempos, conquista desde la primera escucha. Además, la profunda voz de Carl le dan un especial desgarro y desazón que convierten el tema en una verdadera joya. Una joya que crece y crece hasta convertirse en un himno que en mitad de su clímax se esfuma.

A priori di a Noruega el trofeo ipso facto. Ni me pensé dos veces su victoria al escuchar la canción. “Muy mal planteado tendría que estar…” me dije para mis adentros. Y efectivamente. Creo que el planteamiento carece de lógica alguna.

Cuando pensaba en cómo darían forma a la puesta en escena, no imaginé más que un buen juego de focos y él solo con el micrófono. Ropa oscura y emotivas y desgarradoras miradas en un primer plano para hacer apoteósica una candidatura que no exigía de grandes ornamentos, como ninguna de las últimas ganadoras.

Pero claro, la instrumentación tira demasiado y la poca experiencia de Carl en los escenarios, hizo que tuviera que sentirse acompañado, al principio por un piano, y finalmente por las violinistas de sospechoso estilismo que escenifican unas cuerdas impostadas, como todos los instrumentos que aparecen en el ESC sobre el escenario.

A eso debemos añadir el nulo carisma de un artista que está naciendo y que aún da sus pequeños pasitos con timidez y miedo. Precisamente estas pueden ser sus dos grandes ventajas. Parecer un tierno hombre que llora a algo que ocurre en su interior. Pero claro, nos encontramos con su aspecto de camionero desfasado, que tampoco ayuda.

Era difícil meter la pata en una candidatura así. Y para mí, lo han hecho. Pero ahora bien, no por meter la pata quiere decir que no vaya a tener éxito. Eso sí, creo que sus opciones de victoria se diluyen ante candidaturas con más empaque como Armenia, Azerbaiyán, Reino Unido o Suecia, que nos ofrecen propuestas compactas a las que añadir pocos o ningún pero.

Carl no era ni mucho menos finalmente mi favorito de su preselección. Pese a haber podido contactar y hablar con él, su planteamiento de la candidatura jugó en detrimento de una convergente y excéntrica Linnea Dale que a mi parecer ahora tendría más opciones que Carl con su “High Hopes“. Complicado saber “qué hubiera sido si…” pero sin duda, para mí, era LA canción. Aquella que podría haber seguido la senda del alternativo synthpop de Margaret Berger.

Llega el videoclip, y los noruegos nos ofrecen algo simple pero efectista. He de reconocer que las partituras rodeando el espacio del salón me convencieron como propuesta para la puesta en escena. De hecho, hubiera jurado que era algo que podría haber hecho también Azerbaiyán. La idea me parece buena, refleja el caos y la niebla interiores que nublan los sentidos y evaden al cantante. Pero tampoco.

Va Carl, y se planta la misma puesta en escena. Confirma lo que es para mí un más que posible top10, pero también discreto. En un año de baladas, hay que ofrecer cosas distintivas en el escenario. La distinción de Noruega es sin duda su intimismo.

Un intimismo tremendamente complicado.

Norge, 2 puntos.

 

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