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Muchos son los países que confluyen en el Festival. Se retiran y aparecen por sorpresa. Generalmente esto es lo que hacen los países el centro y del este, y rara vez se les echa de menos. Uno de los casos es el de Hungría. Tras su ausencia desde 1999 a 2004, y desde su debut en 1994 tras no alcanzar el pase a la final en 1993, Hungría ha tenido una breve historia en participaciones. Recientemente sólo faltó en 2006 y 2010. Y desde que volvieran en 2011, no han faltado a su cita en la Gran Final. Un país que cumple 20 años desde su debut.

Siempre intentaré ensalzar la calidad del que considero es mi país mimado. Hungría desde su debut ha dejado en el escenario grandes estrellas de su país y no siempre ha sido comprendida. Como un cataclismo fue vivida la última posición en la semifinal de Csézy, considerada la gran dama de la música húngara, que se batió en un arduo duelo con Adrien Szekeres, otra de las grandes divas magiares. Un duelo de divas que finalmente no sirvió para nada. Importante destacar que la rumorología apuntaba a que Csézy estaría preparando su regreso al Festival desde que volvieran en 2011. Sin embargo, cuando la artista tenía la idea madurada, su manager y mano derecha fue hallado muerto. Rumores que nunca sabremos de su veracidad pero que ahí están.

El caso es que Hungría volvió flamante con mi adorada Kati Wolf. Canción de diez, estética de diez, pero como era de esperar, una artista preparada por y para las baladas, no funcionaría con un tema movido si consideramos su estatismo y nervios vocales que pasaron factura a una Hungría que re-comenzaría su camino en Eurovisión por cuarta ocasión chupando banquillo. Un año después decidieron alejarse de la elección interna y nació el formato “A Dal” que tantos cambios ha sufrido en tres años. Compact Disco con “Sound of our hearts” me conquistó con sus reminiscencias a la mezcla de synth con U2, y de poco les sirvió también, empeorando la cuota de “What about my dreams?”.

Y es entonces cuando los húngaros dan un choque con lo llevado y plantean algo aún más diferente. El estilo alternativo y la sorpresa de última hora de la victoria de un chaval llamado ByeAlex nos hizo temer el pase a la final de Hungría. Su tímido carácter y su dudoso estilismo puso a los húngaros al límite, y como ponerse al límite es arriesgar, arriesgaron. Tanto que se marcaron un top10 recogiendo el testigo de Pastora Soler.

Y en estos dos años de “A Dal”, se habían repetido nombres. Hungría veía desfilar a su panorama musical de arriba a abajo en cada edición de la preselección. La importancia que tiene ahora mismo Eurovisión en el país del ultra conservador Viktor Orban es asombroso.

El caso es que durante todo este tiempo, un rostro fue repitiéndose como favorito del jurado pero sin terminar de cuajar en el público. A la tercera va la vencida y Kalláy Saunders-András ha conseguido por fin quitarse la espinita. Tuvo que competir en alguna ocasión con su novia, Renata Tolvaj, quien ya intentara el año pasado acudir al certamen. Renata no corrió la misma suerte que su querido, que volvió a quedar en segunda posición por segunda vez consecutiva. En esta ocasión, con un tema mucho más actual y moderno, con una estética única y reconocible, nos presenta un impecable “Running” de agárrate y no te menees. Una joya que jugará duro por conseguir el mejor resultado del país en su historia, que a día de hoy data de la cuarta posición de su debut en 1994 con Friderika Bayer y su “Kinek mondjam el vétkeimet?” en la incesante Dublín de los noventa.

Todo lo que pueda decir de esta candidatura es poco: es moderna, pasional, diferente, pegadiza, asombrosa, ecléctica. Lo tiene todo, es la fórmula perfecta en un año en el que la perfección es un atributo de varias candidaturas. En un principio fue mi favorita, y a día de hoy es una de ellas, pues recuerdo que a día de hoy quince candidaturas serían perfectamente parte de mi top ten.

Pero si hay algo a destacar de esta canción, es sin duda el impecable directo de Kalláy. Es impresionante como con una tranquilidad pasmosa canta un tema tan sentido. La historia de la canción, contra el maltrato infantil, también tiene un mensaje claro que responde a un título que insta a correr para deshinibirse de lo que ocurre bajo las paredes de un núcleo familiar problemático. Sin duda, una candidatura con duende que me estremece desde las primeras notas que se desvanecen en el primer acorde de la canción. Es francamente impresionante. Sensacional.

Hungría tiene motivos para pensar en Budapest como posible sede del Festival. Quizá no sea este año, seguramente más pronto que tarde, y por el camino que van y bajo mi más humilde opinión, más que merecida sería tal victoria. Una victoria que estoy seguro, llegará pronto.

En lo referente al planteamiento en escena, me parece sencillamente impecable. No tengo nada que objetar a un cortometraje que es el videoclip húngaro. Una historia con inicio, nudo y desenlace de tres minutos y que se traslada al escenario sin ningún pero.

Poco más que decir de una opción que puede ser un “black horse” de primera línea. Puede colocarse fácilmente en un top five sin despeinarse, y más viendo las puestas en escena que países que aparentemente son grandes favoritos, están llevando a cabo en los ensayos.

Un país desgraciadamente solitario en la diáspora y los vecinos. Alguna vez Austria se acuerda de ellos. Eslovaquia y la República Checa no aparecen. Polonia y Rumanía colaborarán, como Estonia, Finlandia e Islandia. Los Balcanes, pese a ser vecinos, la inmensa mayoría no está y quizá Eslovenia se acuerde. Aunque eso sí, este año tienen la final asegurada.

Magyarórszag, 4 puntos.

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