Año tras año, en las apuestas eurovisivas, sin aún tener las canciones, son varios los países que se encuentran en esa primera fila de posibles ganadores. A ojo, estos países serían Rusia, Azerbaiyán, Ucrania, Armenia, Italia, Noruega, Grecia…  y cómo no, el país fetiche que por excelencia estará siempre en este selecto grupo: Suecia.

Precisamente ese favoritismo exacerbado a que todo lo que haga Suecia tenga un sinónimo de calidad, defendiendo en algunos puntos lo que para mí era indefendible, son las cosas que me hacen ver a este país con alguna reticencia. Nunca comprenderé como es tan favoritísimo un país que en la inmensa mayoría no cumple las expectativas. Y no hace falta irse muy lejos: Martin Stenmark, The Ark, Charlote Perelli, Malena Ernman, Anna Bergendahl o Robin Stjenberg son claros ejemplos de los resultados discretos que ha tenido un país que en los años citados estaba dentro de los grandes favoritos. Sólo uno de ellos quedó en la primera parte de la tabla. Una de ellas ni siquiera pasó a la final y otra tuvo que ser rescatada. Los demás ocuparon las últimas plazas.

Pero da igual, si le ocurre a Suecia será una injusticia. Si le ocurre a España, siempre estará justificada la derrota.

Corriendo un tupido velo sobre mi crítica a Suecia, es también digno reconocer la grandeza de una preselección, aunque muchas veces también la encuentre sobrevalorada en cuestiones musicales, que no técnicas y de producción, áreas las cuales los suecos dominan a la perfección. De vez en cuando, y más bien cada poco tiempo, también sueltan algún pildorazo y nos dan algún susto: Carola, Eric Saade, Loreen, o actualmente la eterna participante que por fin ha culminado su sueño: Sanna Nielsen.

Aún leer su nombre y ver al lado escrito “Eurovisión 2014” me asombra. Aún hoy, a una semana de la Gran Final, me sorprendo de leer que será ella la encargada de abanderar a Suecia. Y me alegra enormemente que a esta mujer, a la cual se le quitó en el último momento el festival de 2008, por fin tenga la oportunidad de acudir a Eurovisión y lo haga con semejante canción, obra de un autor habitual, Fredrik Kempe.

Ya con un “Undo” corregido en la letra, Suecia suena amenazante. Otra victoria que añadir al palmarés sería una nueva confirmación de la forma de hacer música de un país que ya sólo por su nombre gusta. Pero claro, la sueca cuenta con un gran hándicap: en un año de baladas, o sorprendes o te quedas fuera del grupo. Pero este hándicap, viendo su puesta en escena, carisma y voz, queda totalmente subsanado. Y no es un chiste.

La delicadeza del tema y la angelical mirada de una inofensiva Sanna hacen mucho. Pero arroparla con focos hace de esta mujer algo más vulnerable. La propuesta es sencillamente magia y está mucho mejor pensada de lo que pudiera parecer: precisamente en la sencillez reside su indudable elegancia, y hacen de este tema un auténtico artículo de lujo para una edición en la que presentar una balada es como conseguir un trabajo indefinido en España: prácticamente imposible.

Y me he propuesto no hacer spoiler, pero ante la evidencia de los ensayos, no me queda otra que decir:

ARMENIA, TEN CUIDADO

Armenia, la cual me atrae ciertamente más, debe tener en consideración que los suecos tienen más trayectoria en Eurovisión, y que una buena canción no lo es todo. Sanna ha partido como lo hizo Ruth en nuestra preselección: por detrás. Y por detrás puede coger perfectamente a un Aram mp3 aquejado de sus propias declaraciones y víctima de su propia medicina.

Nadie sabe por ahora si el halo de ganador del armenio será suficiente para superar a la estudiada propuesta sueca, que cuenta con una puesta en escena única, en detrimento de las pantallas del armenio, que parecen ser las mejores de la edición a falta de las que veamos mañana en los finalistas, entre ellos la ansiada España.

Pero, analizando bien ambas, hay una cosa que tiene Sanna y Aram no, y es algo evidente: la experiencia. Aram podrá ser cómico, actor, pero como artista Sanna Nielsen es más madura, tiene más tablas, está más metida en harina, y eso es algo que se notará en la actuación. Cuidado, no es algo determinante para ganar: ni Lena, ni Ell & Nikki y ni el propio Alexander Rybak -el más laureado- tenían las tablas de Sanna Nielsen cuando subieron a ganar Eurovisión. Pero en un año en el que el ganador a veces es bizarro y no queda demasiado claro, un aspecto como el aplomo o empaque escénico puede ser determinante, y sobre todo de cara a los jurados.

Por último me queda analizar el videoclip, y de él podré decir muchas cosas, pero la palabra es elegancia. Una característica que abunda, lo cual no puede gustarme más, en este Festival. Y como yo saco a mi artista fetiche en cada entrada, diré que la portada del “Kaas chante Piaf”, es del mismo corte que el de Sanna, y que la seda en la cara, a la vista está, es un valor de elegancia solo al alcance de pocos, y como el grupo es selecto y muy cerrado, solo grandes como Sanna están dentro de la categoría de los artistas de rompe y rasga de la historia de Eurovisión. Una presencia que nos angustiaba ya que intentando e intentando ocasión tras ocasión acudir a Eurovisión, se veía diezmada por temas de mayor producción. Pero por fin ha llegado su momento y podremos meterla en la vitrina de quienes la amamos, con o sin el trofeo de la eterna favorita que me trae de vez en cuando por el camino de la amargura: Suecia.

Sverige, 6 puntos.

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