El camino hacia el top5 se va cerrando a tan sólo un día de la primera semifinal, y hoy es el turno de un país que como sus vecinos, ha resurgido desde el año pasado, con el caso aislado de la joya de Tom Dice en 2010 que sucumbió a todos los paladares, tanto del jurado como del televoto.

Y precisamente sucumbido me tiene a mi Bélgica en esta ocasión. Ya el año pasado dieron un golpe en la mesa para todos aquellos que dudaban de las capacidades artísticas del adorable Roberto, que con su “Love kills” se colocó en la primera tabla.

Y ahora, nos vienen con la octava maravilla del clasicismo eurovisivo en pleno 2014. Una de esas canciones evocadores, operísticas y apoteósicas, que respiran una grandeza y elegancia como pocas, y que aparecen de mucho en mucho en la escena eurovisiva. Y viene de la mano de la voz de un auténtico cantante, de los de teatro, de pequeñas audiencias, de oídos exquisitos. Axel Hirsoux conquista a cada segundo con una interpretación más que sentida de su tema, “Mother“, obra de nuestro conocido y querido Rafael Artesero.

No puede ser más elegante la propuesta, y no puede levantar tanto desprecio como aprecio. Maniqueísmo típico de las candidaturas que son favoritas, como este año Armenia o Suecia, que no tienen un término medio en aquellos quienes las juzgan. Y lo mismo ocurre con Bélgica: o bien parece un tostón o una verdadera joya. Yo, como veis, me inclino por esta segunda opción.

Recomiendo encarecidamente que todo aquel que no haya escuchado el instrumental, lo haga de inmediato. Si tiene un mínimo de sensibilidad albergado en su corazón, sabrá apreciar la delicadeza del tema, y es que la producción no puede ser más perfecta. Sin embargo, y digno me parece reconocer, la voz en estudio de Axel pierde muchísimo. Pero claro, la gracia está y estará en el directo que haga mañana y el sábado -espero-, que no dudo será impecable y nos dejará boquiabiertos como acostumbra el joven cantante.

Un joven cantante al que le ‘endosaron’ una canción hecha a medida. Algo, que en su preselección solo le ocurrió a él y a Sil, que con “What’s the time in Tokyo?” hubiera hecho también un papelón, si bien la apuesta de esta, era mucho más vulnerable de cara a una posible clasificación en la noche de la semifinal de mañana.

Pero la esencia no está solo en la canción. La esencia de la historia del tema reside, a mi parecer, en la puesta en escena. Él, totalmente pasional y visceral, nos deja disfrutar de su mejor emotividad, pero todo queda arropado y dotado de coherencia gracias a esa bailarina que en un segundo plano, acapara todo el protagonismo contando la historia que Axel interpreta. Y es estremecedor ver la coreografía que ésta ejecuta en escena, ya que parece que su cuerpo mismo está expresando por sus poros las mismas estrofas que el intérprete canta.

Y el principal punto a favor de la canción no es otro que la misma idea que cuenta. Todos tenemos una madre, y es un mensaje francamente emotivo directo al corazón de toda Europa: muchos recordarán por desgracia una ausencia, otros valorarán la presencia, y todos ellos se emocionarán. De tal modo que la idea o ‘producto’ como diría Risto Mejide, no puede ser más claro y más ‘vendible’ si se me permite la expresión.

En definitiva, esta candidatura lo tiene todo para triunfar: quizá no gane, pues seguramente no lo haga. Su éxito estará seguramente en pasar a la final y poder repetir una posición parecida o superior a la que experimentaron el año pasado. Y lo destacable y decepcionante, no sería sino que Bélgica quedara entre las seis canciones que mañana quedarán fuera de la Gran Final. Y sería una de las grandes injusticias a recordar de la historia, como la de Moran Mazor el año pasado por Israel.

Pero no quiero inundar esta columna con un mensaje pesimista, ni mucho menos. Simplemente recordar que las candidaturas más clásicas fueron valoradas discreta pero exitosamente en casos como el de Austria, Lituania y Francia en 2011. Todas ellas en la segunda tabla, pero a fin de cuentas en la final, si bien Amaury tenía asegurada la final, estrellándose partiendo como el gran favorito a la victoria semanas antes del Festival.

Todos estos y muchos más me parecen motivos de peso para que el país que acoge la capitalidad europea esté presente en la noche del día diez. Espero que haya conmovido a los jurados hace escasos minutos, porque no me cabe duda que al público se lo meterá en el bolsillo.

Axel Hirsoux sólo necesita su voz y su candidez para convencer. El tema lo tiene ya y la puesta en escena es magnífica.

Belgique, 7 puntos.

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