Todos estamos ya con el corazón en un puño. Se avecina una Gran Final llena de tensión, intriga, incertidumbre y emoción. No hay un claro favorito, algo que no pasaba desde 2011, algo que nos proporcionará grandes dosis de adrenalina para quienes vivamos intensamente este evento, el cual adoramos.

Pero hoy vengo a hablaros, en primer lugar, de mi segunda favorita. Un país que perdió totalmente el rumbo del concurso y que pareció retomarlo en 2009. Un iceberg en mitad de un océano de desazón, que repuntó en 2011. Os hablo, naturalmente, del Reino Unido. Ese país que más veces se ha quedado con la miel en los labios. Ese país que precisamente,  ha probado las mieles del éxito y la consideración. Unas mieles que comenzó a perder en 1999. La emblemática y poderosa BBC, el titán de titanes, el “number one” de las cadenas públicas de la UER, comenzó a perderse en un mar de dudas y el éxito en Eurovisión comenzó a decaer. Tan sólo Jade Ewen y Blue han podido hacer algo en la historia reciente del líder de la Commonwealth.

En 2012 nos trajeron una de las joyas más destacadas de la historia reciente. Engelbert Humperdinck abrió un Festival e inundó de lágrimas mis ojos. Fue espectacular. Un año después, la BBC desenterró a la famosa Bonnie Tyler. Ambos, artistas de renombre internacionalmente conocidos y leyendas vivas, que fracasaron de sobremanera en un certamen que no entiende de nombres y popularidad. Entiende de lo que ocurra en ese momento, no en el pasado. Las tablas se notan, pero si no las usas y no convences, estás perdido.

Pero, ¡fuera dramas! La BBC es otro de los entes que resurge como un ave fénix y por fin nos ha traído un pedazo de su panorama musical actual, repleto de un elenco de artistas jóvenes que muestra sus virtudes con total calidad. Y uno de los claros ejemplos es Molly Smitten-Downes. Su “Children of the Universe” es el claro ejemplo de las altas cumbres de la música británica. Es, sencillamente, deliciosa.

Como un himno erige su estribillo hasta la saciedad. Lo erige de forma emblemática, carismática, convincente. Pero lo que quizá más pueda enamorar de este tema sean los coros. Perfectamente ideados y encajados como un rompecabezas. Están, por un lado, los coros de acompañamiento y luego los de refuerzo. Por una parte, los de acompañamiento, complementan con fragmentos distintos la voz de Molly, mientras que los de refuerzo, dan profundidad y cuerpo a lo que la propia artista interpreta. Pues bien, los coros son combinados perfectamente en un sinfín de formas y perfectamente empastados nos muestran la grandeza de un tema que advierte con dar el campanazo.

La voz y aspecto de Molly convencen desde el primer segundo. Sus rasgos, fáciles de recordar, y su torrente de voz, que correctamente escanciado da lo preciso a cada nota de la canción. De esta manera, desembarca el Reino Unido en Copenhague.

Personalmente, el único pero que le encuentro, es la vestimenta de Molly. Dicen las malas lenguas que está muy disgustada con el estilismo que le ha endosado la BBC. Y cierto es, que la armadura que le han colocado le hace resultar más pequeña de lo que ya es de por sí.

No sé realmente cuál podrá ser el papel de esta candidatura en el palmarés del país. Algo me dice que volverán al top ten y lo harán a mi parecer, muy merecidamente. Tanteará con Ruth Lorenzo la mejor posición del big5 del año.

 

United Kingdom, 10 points.

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