Carlos Sanz (Madrid) – La búsqueda de la independencia por pueblos con señas de identidad propia no es algo exclusivo en España. En países como el Reino Unido es también una realidad. Aquí la realidad se llama Cataluña o País Vasco. Allí se llama Escocia. Y parece que se lo han montado mejor que en España: el Gobierno central del conservador David Cameron ha aceptado el pulso soberanista de Alex Salmond, Primer Ministro de Escocia, y el próximo 18 de septiembre se celebrará un referéndum de carácter vinculante. O lo que es lo mismo: el resultado del mismo será decisivo para el futuro de Escocia y también para el de Reino Unido.

La semana pasada saltaron las alarmas: por primera vez desde que fuera anunciado la fecha del referéndum, el ‘Sí’ a la independencia ha aventajado al ‘No’ por la mínima (51% frente al 49%). Un resultado que ha dado la vuelta al mundo y que supone un desafío que pondrá en entredicho la figura de Cameron. De obtener Escocia la independencia, la figura del Primer Ministro quedará totalmente diezmada y se presupone, su popularidad caerá en picado vaticinando así un posible descalabro electoral.

Estos últimos meses el ‘No’ aventajaba hasta en diez puntos al ‘Sí’. Sin embargo, existía un 10% de indecisos que aun no terminaban de tener claro qué votar: si un futuro en solitario o unidos. Parece que llega la hora de la verdad y los indecisos comienzan a tomar un camino u otro, y es ahora el ‘Sí’ el que inquieta a Londres. Sin embargo, son varios los medios y barómetros que aseguran que el ‘No’ vencerá por poco, pero lo hará. Y terminará el sueño de la Escocia independiente. Figuras de la primera plana política británica como David Cameron o su vicepresidente, Nick Clegg, han asegurado que de seguir Escocia en el Reino Unido, otorgarán mayor autonomía a la región para satisfacer sus aspiraciones frustradas. Escocia tendrá así su premio de consolación y se prevé que Salmond, inmediatamente, dimita.

Pero las ansias de Escocia por ser un estado independiente vienen ya de lejos. De hecho han tratado de acudir a eventos internacionales por separado, algo que ocurre con normalidad ya a ojos de los demás. Es habitual ver a las selecciones de Inglaterra, Gales o Irlanda del Norte competir en fútbol internacional, por ejemplo. Las aspiraciones de los escoceses sin embargo, han ido más allá. No han sido pocos los que han pedido la presencia de la región en los JJOO o en Eurovisión.

En 2008 comenzó la andadura no-nata de Escocia en Eurovisión. La Scottish Television (STV), ente no miembro de la UER fue sugerida por el diario ‘The Herald’ para formar parte de la Unión Europea de Radifusión y así poder proponer la candidatura escocesa. Pero las cosas no son tan fáciles. La propia Unión Europea de Radifusión rechazó las conversaciones para que tal hecho se produjera. ¿El por qué? La BBC tiene los derechos de emisión del evento y cubre el territorio escocés, por lo que una televisión regional no podría desgranarse y acudir al certamen por separado. En este sentido, la UER es tremendamente escrupulosa, y al no tratarse Escocia de un país independiente, sus opciones de acudir al evento quedan totalmente mermadas ante la imperiosa BBC que reina también en dicho territorio y que por tanto, propone una candidatura que también representa a los escoceses.

Pero la cosa cambiaría de ser Escocia un país independiente. Si mañana, día 18 de septiembre, gana el ‘Sí’ y Escocia se convierte en un país independiente -y fuera de la UE, dicho sea de paso-, el camino hacia los eventos internacionales como los Juegos Olímpicos o Eurovisión podría estar más cerca.

Gracias al Daily Mail, sabemos que el Partido Nacionalista Escocés incluye en su programa de independencia la sustitución de la BBC por la SBS (Scottish Broadcaster Services), utilizando los activos de la BBC en Escocia. O lo que es similar: los medios públicos pasarían a manos del Gobierno Escocés y su ente público, relegando a la BBC. Por tanto, este medio podría pedir y formalizar su adhesión a la Unión Europea de Radifusión y acudir, perfectamene, al Festival de Eurovisión así como adquirir los derechos de emisión de eventos deportivos, por ejemplo. La propia UER se ha encargado ya de matizar que la adhesión del ente a la Unión, no sería automática, y que deberían pasar por todo el proceso ordinario que exigen las normas para cualquier cadena nueva.

Mañana cambiará el futuro de Escocia, tanto si gana el ‘Sí’ como si lo hace el ‘No’. Y es que de ganar el ‘Sí’, quizá en 2016 podamos ver a Escocia compitiendo en Eurovisión. 2015 parece demasiado temprano para los cambios que precisaría el Estado y su ente público, e incluso algunas fuentes hablan, como pronto, de 2017. Pero no vendamos la piel del oso antes de cazarlo y esperemos las veinticuatro horas que faltan, exactamente, para conocer el futuro que escoge Escocia.

Nosotros de momento nos quedamos con la voz escocesa que dio la victoria al Reino Unido en 1969, en Madrid. Lulu dio el trofeo a un país que a partir de mañana puede estar, aun más, más dividido.

 

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